Breve semblanza del regionalismo granadino

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El regionalismo granadino

 

Se nos lanzan a los regionalistas diatribas desde la incomprensión, el absoluto desconocimiento y la actitud, aunque sea larvada, de un andalucismo de baja intensidad originado por 40 años de adoctrinamiento.

Francisco Seco de Lucena

Si nos remontamos a sus orígenes, el regionalismo granadino es un pensamiento perfectamente organizado, desde finales del XIX a los albores del siglo XX, y entre cuyos padres encontramos a Francisco Seco de Lucena que, en 1898, decía en un discurso memorable:

“la idea regionalista bien entendida y aplicada, puede contribuir al engrandecimiento de las entidades territoriales que forman la patria, y por consiguiente al engrandecimiento de la patria misma, en Granada como en ningún otro país puede dar frutos de próspera bienandanza el despertar del espíritu regionalista; porque difícilmente podrá encontrarse un territorio que tenga los rasgos de su personalidad tan enérgicamente marcados, como este conjunto de las cuatro provincias que formaron el Reino de Granada en tiempo de los moros (…) El regionalismo no es político. Su forma práctica es la descentralización administrativa, compatible con todas las formas de gobierno.”

 

Este sentimiento regionalista impregnó a la Región de Granada de manera que se trasladó al ámbito de lo político, de forma notable, hasta el punto de que el 21 de enero de 1918, Francesc Cambó proclamaba, como así lo recoge el Diario de Córdoba en su edición de 22 de Febrero, que tenía preparadas conferencias en Granada donde “ el movimiento regionalista se inicia vigorosamente y cuenta con valiosas adhesiones que le harán luchar con muchas garantías de éxito por la circunscripción y otro distrito de la provincia; en Málaga, Almería y Jaén”. Sin embargo, se expresó en tonos pesimistas respecto de Sevilla, “que era la capital andaluza más obligada a batallar por su resurgimiento y el de la región y sigue una inercia desesperante”.

rebista betica
Revista Bética

Y es que no podía ser de otra manera: en La revista Bética, publicación sevillana, en 1914 se decía lo siguiente:

“Por estos motivos, Andalucía, que aparece divi­dida en cuatro reinos antiguos, subdividida oficialmente en ocho provincias modernas, no constituye una sola unidad, y cuando el pueblo quiere agrupar- comparando costumbres y hábitos, hace una nueva división andaluza que por lo mismo que es espontánea y eminentemente popular alcanza para nosotros mayor importancia; y hay que reconocer que actual­mente no existe la completa compenetrabilidad de toda Andalucía, sino que ésta se separa en dos agru­paciones, alta y baja, como La llama el pueblo, que responden perfectamente a los dos grandes focos his­tórica» y actuales de Sevilla y Granada.”.

Esta división es una constante que está presente a lo largo de todo el siglo XIX en las distintas regionalizaciones propuestas desde Patricio de la Escosura en 1847, pasando por la Constitución de la I República de 1873, la de Segismundo Moret de 1884 y la de Silvela y Sánchez de Toca en 1891. Por tanto, los fundamentos del regionalismo tienen una honda raíz histórica reconocida en distintos regímenes y momentos de la Historia moderna española y no sólo aquellos que se remontan al antiguo régimen.

Hecho este inciso, no es de extrañar que el fuerte impulso de regionalismo granadino diera como fruto una propuesta de Mancomunidad de Andalucía Oriental el 19 de febrero de 1924 que incluía las mismas provincias (Almería, Granada, Jaén y Málaga) que durante todo el siglo XIX se habían agrupado en los distintos proyectos de regionalización por formar una unidad perfectamente diferenciada de la andaluza.

Este proyecto de Mancomunidad, consensuado por las diputaciones de las referidas provincias, apareció publicado el 19 de Febrero de 1924 en la prensa local, en “Noticiero Granadino”, y en la nacional, tal como recoge el diario el “Sol de Madrid” el día 21, en el que se cita el proceso al igual que las aspiraciones de otras regiones y concretamente se hace referencia a la de Galicia.

El proceso, inmerso en el periodo de la dictadura de Primo de Rivera, no llega a buen puerto, sin embargo.

fermin garrido
Fermín Garrido

Para las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, como novedad en el panorama político de Granada, se creó un nuevo partido, llamado “Acción Granadina”, creado por el médico y político Fermín Garrido Quintana, cuya ideología pretendía ser netamente granadinista, centrado en los problemas y los objetivos básicamente de la zona de influencia de Granada. ​ Obtuvo 6 concejales en las elecciones 1931 en Granada y el “Partido Republicano Autónomo de Granada” consiguió la alcaldía de la misma ciudad en 1936. A su vez, otros partidos no implícitamente regionalistas de Andalucía Oriental, como el PSOE, se mostraron a favor de la autonomía de Andalucía Oriental.

Acogiéndose a la posibilidad que planteaba la nueva constitución de la II República, la Diputación de Sevilla, que había redactado las bases de un Estatuto de Autonomía, organizó una asamblea, a celebrar en Córdoba en mayo de 1932, con la intención de aprobarlas. Dicho encuentro se pospuso hasta enero de 1933. El Ayuntamiento de Granada encargó una ponencia que elaboraron conjuntamente dos concejales de izquierdas (Manuel Fernández Montesinos del PSOE y Luis Fajardo Fernández del Partido Republicano Autónomo de Granada, luego Izquierda Republicana) y uno de derechas (Carlos Morenilla Blanes de Acción Granadina), en la que acordaron «impugnar la formación y aprobación del estatuto, y oponerse a que prospere esa artificiosa y no sentida mancomunidad andaluza», proclamando a su vez que «es una realidad histórica, geográfica y administrativa, la existencia de la región de Andalucía Oriental».​ Este sentimiento unánime de Granada se escenificó de nuevo el 28 de enero de 1933 en una reunión del Ayuntamiento, Diputación, Cámara de Comercio, colegios profesionales, agrupación socialista, etc. Así, Carreño, portavoz de la agrupación socialista, declaró:

“sometido el asunto que se debate a la Agrupación Socialista, esta se ha pronunciado unánimemente contraria al Estatuto (…) hemos de tender a que haya una región, Andalucía Oriental, con la capitalidad en Granada, pues así es de justicia y nos pertenece en derecho (…) nunca se debe llegar a una sola región como propugna Sevilla”​

asamblea de córdoba
1924 y 1933

En la misma reunión, Torres Calleja, representante de la Diputación de Granada, relató:

“la representación de Jaén, que se mostró conforme en un todo con que fuera Granada la capitalidad de Andalucía Oriental, por la que propugna, constituyéndola también Málaga y Almería, con Jaén y Granada. También Almería se ha mostrado conforme.”​

En Almería, la Casa Consistorial de la capital envió una carta fechada el de 24 de enero de 1933 al Ayuntamiento de Granada, en la que defendía una Mancomunidad de Andalucía Oriental formada por Almería, Granada y Jaén, «en cuyo caso sí están garantizados nuestros intereses», afirmando que «la unión propuesta debe aspirar a ser permanente, evitándose que errores de constitución o de procedimiento la conviertan en efímera o en infecunda (…) no vamos contra radie, vamos a favor de los que pueden y deben vivir en el mismo hogar, en paz inalterable, en amorosa convivencia, sin recelos de reyerta próxima y a la larga de divorcio (…) una elemental previsión aconseja como más prudente, que romper el vínculo, desistir de establecerlo».

En estos mismos términos de autonomía para Andalucía Oriental se expresaron el conjunto de fuerzas vivas de Almería en una asamblea celebrada el 27 de enero, con representantes de la Diputación Provincial, Cámara de Comercio, Cámara de la Propiedad Urbana, agrupaciones políticas como Acción Republicana o el Partido Socialista, alcaldes de los principales municipios de la provincia, etc.

Tras el escándalo y fracaso de la asamblea de Córdoba se vertieron ríos de tinta en las cabeceras de prensa de la Región Oriental, recogiéndose las amenazas de “residenciar”, por parte de Blas Infante, a las provincias que habían rechazado la propuesta de Sevilla, incluyendo a Huelva, que al igual que Almería, Granada y Jaén habían abandonado la asamblea por su abierto desacuerdo a lo que se pretendía aprobar. Málaga quedó como mera observadora. Es muy a destacar la enorme desproporción de los asistentes tanto sevillanos como cordobeses frente a la escueta representación del resto de provincias.

Durante los años posteriores el movimiento andalucista siguió sus movimientos para articular una autonomía cuyo ámbito no podría incluir a las provincias que rechazaron la propuesta de estatuto como revela el hecho de que 19 de junio de 1936 el Pleno del Ayuntamiento de Granada acordara, como está recogido el día 20 en la prensa:

“mantener la necesidad de las dos entidades regionales y los derechos de Granada a la capitalidad de Andalucía Oriental. Así se acuerda.”

Referencias periodísticas

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