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3.2. Ámbito Político.

Hace casi cuatro décadas que nuestra región  fue integrada(*) en la comunidad autónoma de Andalucía. A partir de entonces tuvimos que ceder nuestras tradicionales instituciones, en la creencia de que el poder y la riqueza que generaran, junto con las de la vecina Andalucía, se iban a repartir equitativamente entre las ocho provincias, que  conforman el mapa autonómico andaluz.  Sin embargo, desgraciadamente la realidad a día de hoy es muy distinta a la que en aquel momento podíamos imaginar. 

Actualmente nos encontramos integrados en una vasta comunidad autónoma, con una enorme desigualdad territorial, como consecuencia de la instalación de un feroz centralismo, que concentra el poder y la gestión de los recursos públicos territoriales en una única ciudad: Sevilla.

Este agravio se ha producido por la implantación del modelo autonómico elegido torticeramente años atrás, que con el desiderativo “café para todos” permitió que territorios, sin base histórica, alcanzaran el estatus de comunidad autónoma; mientras que nuestra Región de Granada, con sobradas razones de continuidad en su existir, fue absorbida y residenciada por la vecina Andalucía. Todo ello con el beneplácito de una clase política al servicio de su partido, que no a los intereses de sus conciudadanos.

Este sistema de organización territorial ha generado en algunas regiones, en concreto en la nuestra; una pobreza galopante, deslocalización de instituciones de relevancia política y económica, deficiencia en infraestructuras, imposición de estereotipos y clichés ajenos a nuestra identidad con desaparición de señas culturales  propias. Todo ello favorecido e impulsado, desde el adoctrinamiento en los centros escolares y desde unos medios de comunicación empeñados en difundir, como pensamiento único, la imagen de lo andaluz; que poco o nada tiene que ver con nosotros. Al mismo tiempo, se constata una progresiva despoblación de núcleos urbanos, que años atrás tenían esplendor y que ahora se han convertido en satélites, dependientes de una urbe centralizadora y acaparadora de servicios, trabajos y riqueza.Todo ello deliberadamente planificado y organizado por un notable grupo de dirigentes políticos fieles a un ideario andalucista, sevillanos en su mayor parte, empeñados en conseguir mayores cotas de poder, y con un considerable afán anexionista, al pretender gestionar desde Sevilla los recursos de nuestra Región.

El  balance de nuestra situación, a día de hoy,  es claramente negativo; ya que a todo lo dicho anteriormente, hemos de sumar unos niveles de renta per cápita  entre los más bajos de España y de Europa, una tasa de paro que  alcanza porcentajes muy preocupantes y además con unas infraestructuras de distinta índole, tan deficientes como inexistentes.

En la misma línea, los presupuestos para invertir en la Región de Granada específicamente son cada vez menores, donde aparecen ciertas áreas de actuación catalogadas como “no interesantes estructuralmente”.

La Región de Granada crece en habitantes, su población se concentra más en el medio urbano, necesita inversiones que se dan con cuentagotas o quedan a expensas del sector privado que pudiera rentabilizarlas; al no existir un apoyo público suficiente.

    España es un espacio solidario de ámbito estatal, donde todos los territorios han de contribuir al bien común. La política económica que defiende la ARG es la conducente a un desarrollo equilibrado para todos sus habitantes.

Los intentos de provincializarnos, por aquello de divide y vencerás, no nos amilanan. Tenemos localismos y expresiones culturales en todos los ámbitos, que dan riqueza y diversidad a lo largo y ancho de nuestra geografía, que en la actual autonomía quedan invisibilizados y a la sombra de lo mediáticamente difundido, de lo centralizado, de lo andaluz. Nosotros no somos andaluces ni nos identificamos con su cultura; aunque siempre seamos respetuosos; pero que dejen ya de querer meternos la burra de culo o los dos pies en un solo zapato.

Recordamos y recordaremos todos esos movimientos – no solo culturales – que nos hacen grandes y que llevamos a honra defender, promover y difundir. 

Los presupuestos para lo autóctono de la Región de Granada cada vez son menores, o simplemente borrados de la lista. Una ciudad con más de medio millón de habitantes ha tenido que salir a la calle en multitud de ocasiones para que sus recursos sanitarios no fuesen reducidos a la mitad de lo legendariamente asignado. Mucho tenemos que reivindicar cuando, con este ejemplo simplemente, nos hemos quedado con los mismos efectivos para el ingente incremento de habitantes, que tanto ha crecido en las últimas décadas, necesitando por ende nuevas infraestructuras que siguen siendo deficitarias aunque se construya un par de edificios nuevos. 

Los planes de nuevas infraestructuras estatales califican parte de nuestra región como “no interesante estructuralmente” para las necesidades que hoy se plantean.Una provincia entera ha quedado aislada, sin conexión ferroviaria; se han cerrado líneas funcionales y ha quedado en el olvido la construcción de otras, que supuestamente llegarían hasta un puerto de mar; con lo que ello supone para el despegue de nuestra economía regional.

(*) Hoy día formamos parte de una comunidad autónoma formada tras el Referéndum del Estatuto de 1981 que obtuvo un resultado fallido.  No se respetó el resultado de esta consulta totalmente legal, legítima y vinculante, que simplemente se salvó al redactar un «interés nacional» con la finalidad de poder crear la comunidad de 8 provincias y, en consecuencia, eliminar la Región de Granada del mapa político.

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